En la era del
consumismo, donde las sociedades globalizadas viven una pandemia basada en el
exceso y derroche desmedido, el 14 de febrero se ha convertido en la fecha idónea
para expresar los sentimientos a través de los productos que se puedan adquirir.
Las extraordinarias campañas publicitarias que proponen la mercantilización del
amor nos invaden constantemente, con el fin de instaurar una cultura de consumo,
ilógico e insostenible, que únicamente beneficia a los grandes ofertantes de productos
y servicios.
En este sentido es
necesario replantearnos continuar con este patrón adictivo, que deprecia la
autenticidad y el valor intrínseco de una manifestación afectiva, verdadera y espontánea. ¿Podremos reestructurar este sistema compulsivo de consumo? Un buen comienzo para
analizar esta idea sería pensar en las verdaderas necesidades de la pareja, y
como podemos conseguir saciarlas.
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