miércoles, 13 de febrero de 2019

Sin rumbo


Pedro veía con asombro hacía el horizonte, el mar era algo ajeno para él, solo había escuchado historias. Ella fue quien se encargó de contarle aquellas historias, ella había estado en el lugar donde él se encontraba. Ella le describió cada una de las sensacionanes que estaba percibiendo, la brisa marina en su rostro, el olor penetrando en sus fosas nasales, el tacto de la arena con su piel. A donde mirara solo la veía a ella, de pronto, un ruido ensordecedor, hizo que vuelva a la realidad.

Pedro había sido reclutado para pelear por su país, pero él decidió irse, para no ver cómo ella era desposada por conveniencia con un joven acaudalado, Pedro no tenía que ofrecerle a ella, solo era un obrero. Pedro sintió cómo se le cortaba la respiración, el ruido era un disparo, que había recibido por parte del enemigo. Cayo de costado sobre la arena, mientras que el ejército enemigo avanzaba y veía cómo sus compañeros de batallón caían.

Pedro con el último aliento, dijo su nombre, Zara.

Mientras Pedro yacía sobre la arena sin vida, Zara se encontraba en el altar, con un hombre al cual no amaba, con una parte de ella muriendo, al perder a Pedro.


Alma Durán.


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