Hoy me desperté pensando en que escribir y sinceramente
nada venía a mi mente, mis últimos carnavales los he pasado metida entre
libros, cuadernos y tareas. He de suponer que estaría demás mencionar que este
carnaval no tuvo muchas cosas diferentes, ya que tarea y los deliciosos
churrascos que hace mi papá no faltaron en mi casa este año.
Supe que escribir en ese pequeño instante en el que me reencontré
con una amiga de mi infancia, recordamos aquellos años en los que éramos tan solo niñas y acostumbrábamos a ir con nuestro padres y amigos de estos a San
Juanito (una propiedad de mi familia), nos reuníamos allí desde el viernes
hasta el martes, jugando todos los días guerras de globos con agua, en las cuales nunca
había un ganador ya que terminábamos en la piscina o comiendo de un buen
horneado en la orilla de esta con los pies sumergidos en el agua.
Me encontré con mucha melancolía al recordar esas veces al
año en las que nuestros padres se reunían y de la nada, como por arte de magia
empezaron a desaparecer sin motivo alguno, a los ojos de pequeños niños que en
lo único que pensaban en ese entonces
era en correr y evitar ser mojados por el agua que contenían los globos, que la espuma no terminara en los ojos y siempre con la esperanza de encontrar un toalla seca para poder entrar a la casa sin mojar el piso y terminar siendo retadas por nuestras madres.
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