En mis vacaciones de invierno del año pasado encontré en un
estacionamiento en construcción a dos gatitas, alguien las había abandonado, me
acerqué por lo desesperante que era su llanto, estaba claro que tenían mucha
hambre y frío. Quise tratar de sacarlas de donde estaban, pero las grandes
rejas me lo impedían y las gatitas eran tan chiquitas que todavía no podía
caminar muy bien. Después de un par de minutos un niño llegó y me dijo que eran
cuatro gatitos, dos negros y dos blancos, otra persona también los escucho y
solo rescato a los gatitos blancos porque dijo que los negros no le gustaban.
El me ayudo a sacarlos de aquel lugar y él se llevó una y yo me quede con la
restante.
En mi casa tuvo varios nombres, pero el oficial es Michi,
ella no es de raza, tiene un pelaje únicamente negro, en estos momentos tiene
como ocho meses y tiene un tamaño promedio porque está en crecimiento todavía,
tiene una cola de como 30cm. Cuando era más pequeña tenía ojos azules, pero
ahora sus ojos son de color amarillo, sus bigotes y cejas son blancas como
canas y tiene las orejas bien atentas como detectores de sonidos.
Michi es bien hiperactiva, le gusta jugar con cualquier cosa
que se mueva, su juego favorito es morder todos los audífonos y cables de la
casa, le gusta correr como loca en las noches hasta que se queda dormida en una
esquina de mi cama, es cariñosa como quiere salir al patio y quiere comida, soy
la única persona a la que hace caso, es indiferente con los demás.
Me encanta tenerla todos los días y jugar con ella, no me
arrepiento de haberla rescatado ese día que comenzó el invierno.
No hay comentarios:
Publicar un comentario